Septiembre del 2009

Cine y pensamiento crítico

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez - 22 de Septiembre, 2009, 18:11, Categoría: Cine Arte


Cine y pensamiento crítico

Cualquier película “histórica” nos sirve tanto como una puerta al tiempo que trata como por reflejar el momento como las circunstancias e idea de quines la hacen…
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 16-9-2009 a las 11:34 | 1054 lecturas | 18 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/cine-y-pensamiento-critico

Cualquier película “histórica” nos sirve tanto como una puerta al tiempo que trata como  por reflejar el momento como las circunstancias e idea de quines la hacen… 

    Es lo que más se debate en diferentes presentaciones que ando haciendo de En nombre del padre y del hijo. El cine y la Biblia,  el libro que he publicado por Libros de la Frontera y en el que se condensa por igual mis experiencias cinéfilas, las inquietudes religiosas (muy fuetes a principios de los sesenta), así como la voluntad de utilizar el cine como un medio privilegiado para el debate, y por lo tanto para el pensamiento crítico. Después de una presentación en el Retiro de Sitges tenemos prevista otra en Sant Pere de Ribes acompañada por la emisión de la película de Luís Buñuel, Simón del desierto….

    Ver cine para debatir significa aprender de una manera intensa. Una de las exigencias más perentorias de la izquierda insumisa es formar a la gente que quiere luchar, a tantos y tantas, que toman conciencia y que necesitan una formación sólida que, con los materiales didácticos que hoy tenemos al alcance, puede darse en profundidad y rápidamente. E insisto: una buena programación puede contribuir especialmente a ello. Ricamente se necesita acceder a unos cantos títulos, poseer un proyector, y contar con el soporte de una sala. Incluso si no hay nadie a la mano que pueda ejercer de “monitor”, es posible a través del “Google” o de otros medios, seleccionar un “dossier” específico…   

  Las oportunidades están a la mano, un buen ciclo sobre cine y revolución social puede comenzar con la revolución francesa y con La Marsellesa, de Jean Renoir, pero también se puede hacer con una cronología más amplia y hacerlo con más propiedad con Espartaco (1960), una superproducción célebre de la que Ferro dice que es la primera superproducción de Hollywood que hace un canto a la revolución, de hecho a todas las revoluciones. Desde luego es la que más radicalmente trata una sublevación antiesclavista, y considerando que Espartaco fue asimilado por el socialismo como de sus héroes simbólicos –son innumerables las revistas, los grupos e incluso personas que adoptaron su nombre-, se puede decir que es una película que podía entenderse por igual como una apología de la lucha revolucionaria en general como un gesto de apoyo al movimiento de los derechos civiles. Se trata obviamente de una visión idealizada en la que el ideal libertador en la que la comunidad insurrecta se opone a la corrupta, prepotente y explotadora Roma, debidamente representada por el “fascista” Craso.

      Basada en una novela del entonces escritor comunista semiprohibido, Howard Fast, su adaptación corrió a cargo del “black liste” Dalton Trumbo, igualmente comunista, aunque su “alma mater” fue el actor Kirk Douglas al que nuestro Fernando Fernán-Gómez atribuía ideales anarquistas, lo que no parece tan descabellado sí se tiene en cuenta su predilección por Los valientes andan solos, una apología del individualismo solidario y por una tierra libre de alambradas erigidas para proteger la propiedad privada. Espartaco permite numerosas discusiones comenzando por la singularidad del producto, por todo lo que reflejaba del inicio de los sesenta, la historia de la esclavitud, sin olvidar las interpretaciones sobre el personaje, lo que nos llevaría hasta una versión literaria mucho más rica, la de Arthur Koestler, de la que se llegó a proyectar una adaptación cinematográfica auspiciada por Martin Ritt. 

  Algo así es lo que se sugiera en las páginas de un libro que no cuestiona para nada el peso histórico y cultural de la Biblia.

      Un ciclo de estas características debe contar con un apartado sobre la figura de Cristo aunque sólo sea que fue el principal referente del ciclo revolucionario de finales del Medioevo, y de que, en mayor o menor medida, siempre estuvo presente en toda la historia revolucionaria hasta las más recientes, y la sandinista es un buen ejemplo. La interpretación del mensaje evangélico ha tenido en el cine al menos dos lecturas, la más tradicional en la que su subraya su carácter “sagrado” tal como se expresa con rotundidad  en La Pasión de Mel Gibson, en la que el “hijo de Dios” anula su vertiente social e incluso su rechazo de la ocupación romana, y la más auténtica y por lo tanto subversiva, especialmente El Evangelio  según Mateo, de Pier Paolo Pasolini, obra de un comunista de vocación herética que se hizo posible gracias al talento excepcional del autor y a una coyuntura de diálogo cristiano-marxista. Se trata de una obra revolucionaria tanto en su contenido como en su forma, y se erige como la más noble y visionaria de todas las pasiones, aunque aquí también habría que tener muy en cuenta la adaptación que el “black liste” Jules Dassin, El que debe morir, que adapta una obra de Nikos Kazantzakis en la que una representación sobre la Pasión acaba con un Cristo que lidera una revuelta condenada por la propia Iglesia. Todas ellas resultan actualmente asequibles aunque la de Dassin solamente la he podido conseguir en francés.

    El cine tiene un doble impacto didáctico. Así, contemplando películas de mensaje conservador como La túnica sagrada, la primera pregunta que nos hacemos nos lleva a considerar el asunto de  la instrumentalización reaccionaria por parte de la Iglesia del legado cristiano y retomar las películas que abundan en el discurso más auténtico y herético. En los tiempos que corren, no se puede discutir la importancia de una lucha por restituir su dimensión subversiva, de lucha por los pobres y por una sociedad basada en la igualdad y en el reconocimiento del prójimo. En este terreno, el cine cuenta con obras de gran valor de autores como Roberto Rossellini (en especial Europa 51, en cierta medida un homenaje a Simone Weil de La condición obrera), el Ordret, de C. T. Dreyer, o la Juana de Arco de Bresson y otros. Esta diferencia entre un cine religioso oficialista y otro auténtico, está subrayado por Jaume Botey en su prólogo.

    Las ideas socialistas (utópicas) comenzaron a desarrollarse con el Renacimiento, y tuvieron una enorme importancia en las repúblicas italianas y en los primeros embates entre la escolástica católica y el libre pensamiento, temas que todavía tienen vigencia dada la alianza establecida entre el neoliberalismo y el fundamentalismo religioso. Sobre este extenso  territorio existe una cierta filmografía de gran interés, y de la cual podemos destacar títulos de amplias connotaciones políticas y culturales como el “biopic” de Thomas More, Un hombre para la eternidad, de Fred Zinnemann, que contienen unos diálogos de gran profundidad escritos por Robert Bolt; aunque resulta de más difícil acceso, vale la pena el Galileo GalileiGalileo hecho para la RAI por la primera Liliana Cavan; lástima que el frustrante Giordano Bruno, de Guiliano Montaldo no sirva demasiado para recuperar este subyugante personaje interpretado por un tanto sobreactuando Gian Mª Volonté…De cara al maldito asunto de la conquista hay mucho que hablar sobre La misión, de Roland Joffé, que plantea numerosas cuestiones sobre la conquista y colonización española en América Latina. Igualmente resultan del mayor las aproximaciones de las revueltas campesinas a través de personajes como Michael Kohlhass (1969) y La repentina riqueza de los pobres de Kombach (1970), en ambos casos con Volker Schlöndorff detrás la cámara, o de inspiración religiosa, sin olvidar la muy reivindicable Les camisards, de René Allio (1972), entre otras, en algunos casos asequibles ya en DVD en colecciones especializadas. que realizó Joseph Losey según la obra de Brecht porque además es la versión más respetuosa e intensa; también resulta bastante interesante el

        Sobre el caso que nos ocupa –la Biblia desde el Antiguo Testamento hasta los Hechos de los Apóstoles-, existe una considerable filmografía, sobre todo norteamericana pero también italiana. Hay de todo desde finales del siglo XIX, y en su mayor parte son películas acríticas. Otras son resultantes de una cierta conciliación, se exalta el mensaje religioso pero se desarrollan otros aspectos, por ejemplo el erótico. Pero también existen numerosos títulos que aportaron una nueva mirada, y que aportaron una lectura diferente. Detrás de todo hay una larga historia de debates e interpretaciones comenzando pro el que se está dando con los llamados “creacionistas”, y como no, con los que cada día hablan de Dios en vano.

 



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