Surge el cine chileno
Hace pocas semanas, un productor hollywoodense visitó el país, afinando detalles para un filme sobre Gabriela Mistral, financiado por estadounidenses y dirigido por Raúl Ruiz, un cineasta reacio a las megaproducciones y películas de Hollywood, pero apasionado lector de la poetisa. Se lo eligió por eso y por ser el único realizador chileno de renombre internacional, aunque ya emerge una nueva generación de directores que podría aspirar a encargos similares en unos años.
Matías Bize, el director de “En la cama” y “Sábado”, fue invitado por una productora catalana para filmar una película con medio millón de euros. Sebastián Campos, Alicia Scherson, Pablo Larraín, Alex Bowen y Alberto Fuguet como cineasta, entre otros, son los nuevos directores que ya se diferencian de los de la década de 1990, en su mayoría publicistas que retrataban a ese Chile de pobreza y cuchillos que no aparecía en sus “spots”. Estos nuevos realizadores no están preocupados de "vender" marginalidad latinoamericana en festivales europeos, sino de hacer en Chile un cine que pueda también ser una cinta de artes marciales ("Kiltro"), experimentación como la del grupo Dogma ("La Sagrada Familia") o cine de autor ("Play", “Se arrienda”, las cintas de Bize). En su mayoría, son jóvenes que tienen una mirada bastante más esperanzadora sobre las posibilidades del medio, que saben reducir costos filmando en digital y están resueltos a dedicarse a esto a tiempo completo.
Así, el cine actual estaría llamado a constituirse no por “opere prime” de autores que sabían que su primera vez era también la última y, por eso, valía poner de todo en la cinta y después cruzar los dedos, sino por las obras de estos jóvenes, más confiadas, mejor gestionadas y menos atribuladas por el fantasma de la inserción internacional. Son autores que conjugan la difícil ecuación entre lo local y lo global, sin caer en criollismos ni visiones deformadas de la chilenidad, sabiendo que “si describes tu aldea, serás universal”. Quizá el primero en eso fue Raúl Ruiz, que realizó sus películas “francesas" sin dejar de ser chileno. Sin crear películas de exportación, fue el más internacional de los realizadores nacionales.
Los nuevos directores siguen esa línea, más conscientes de los necesarios éxitos en la taquilla, aunque sin desvivirse por lograrlo. No buscan un “blockbuster”, pero sí lograr su espacio en esa industria, más segmentada que lo que parece. En la medida en que el cine chileno logre globalizarse, podrá saltar sus tradicionales fronteras locales y consolidarse como industria, al modo como, por ejemplo, lo ha hecho Australia.
Posteado por El Mercurio a las Mayo 5, 2006 06:45 AM |