Con la presencia de autoridades e invitados
especiales, la organización del Festival Internacional de Cine de
Valdivia lanzó su décimo sexta versión. Por Pilar Figueroa
Una vez más Valdivia, ciudad
capital de la Región de Los Ríos, se convierte en el punto de encuentro
de la cinematografía nacional y mundial. Todo por la nueva versión del
Festival Internacional de Cine de Valdivia, evento organizado por la
Universidad Austral de Chile, el Centro Cultural de Promoción
Cinematográfica de Valdivia, la Municipalidad de Valdivia y el Gobierno
Regional de Los Ríos.
Acaba de inaugurarse el festival, con una ceremonia en el Aula
Magna de la Universidad Austral de Chile, durante la noche del jueves
15 de octubre. Desde entonces y hasta el martes 20 del mismo mes, la
industria cinematográfica y cultural nacional e internacional, se dan
cita en nuestra ciudad, convirtiendo a Valdivia en el epicentro
cultural del sur de Chile.
La ceremonia fue conducida por los actores Valentina Vargas y
Álvaro Rudolphy, los que con su simpatía y desplante cautivaron a los
más de 450 asistentes que llenaron el recinto.
Luego de un recorrido audiovisual por los parajes y épocas de
Valdivia, los actores nacionales dieron a conocer al público asistente
el espíritu creativo que inunda a la ciudad: “Valdivia, la antigua,
también lleva en su espíritu el sello de la tragedia. La ciudad ha
caído muchas veces bajo el signo del dolor. Pero allí es donde aparece
el habitante creativo, y vuelve una y otra vez a rearmar el tejido”,
recitó Rudolphy.
Las autoridades relacionadas a la organización del festival, dieron
a conocer sus películas favoritas a través de un video proyectado en
pantalla gigante. En el caso del intendente regional, Iván Flores, el
film escogido fue ‘Ala Triste’ del director Agustín Díaz Yanes. En
tanto, el alcalde de Valdivia, Bernardo Berger, prefirió ‘Doctor
Zhivago’, dirigida por David Lean. Por su parte, el rector de la
Universidad Austral de Chile, Víctor Cubillos, optó por ‘El Álamo’,
protagonizada por el legendario John Wayne. Fernando Lataste,
presidente del Centro de Promoción Cinematográfica de Valdivia,
seleccionó el documental valdiviano ‘Ciudad de Papel’. Por último, la
Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, habló sobre ‘2001. Odisea en el
Espacio’ como el filme que más le marcó.
A continuación, se premió al creador del afiche oficial del
festival, Rodrigo Olivos. Y luego se dieron a conocer los jurados de
las 4 categorías en competencia: Largometraje, Cortometraje, Gente
Joven y Categoría Work In Progress.
En nombre del equipo organizador, el productor ejecutivo del FICV
2009, Bruno Bettati, dio la bienvenida a los invitados y advirtió que
esta semana habrá “cine para todos”.
El evento finalizó con la exhibición de la cinta “Ilusiones
Ópticas” del realizador valdiviano Cristián Jiménez, quien presentó su
obra con gran desplante sobre el escenario.
Los invitados luego asistieron a un cóctel en la Costanera Cultural, al borde del Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia.
Cualquier
película “histórica” nos sirve tanto como una puerta al tiempo que
trata como por reflejar el momento como las circunstancias e idea de
quines la hacen…
Pepe Gutiérrez-Álvarez |
Para Kaos en la Red |
16-9-2009 a las 11:34 | 1054 lecturas | 18 comentarios
Cualquier película “histórica” nos sirve tanto como una puerta al
tiempo que trata como por reflejar el momento como las circunstancias
e idea de quines la hacen…
Es lo que más se debate en diferentes presentaciones que ando haciendo de En nombre del padre y del hijo. El cine y la Biblia,
el libro que he publicado por Libros de la Frontera y en el que se
condensa por igual mis experiencias cinéfilas, las inquietudes
religiosas (muy fuetes a principios de los sesenta), así como la
voluntad de utilizar el cine como un medio privilegiado para el debate,
y por lo tanto para el pensamiento crítico. Después de una presentación
en el Retiro de Sitges tenemos prevista otra en Sant Pere de Ribes
acompañada por la emisión de la película de Luís Buñuel, Simón del desierto….
Ver cine para debatir significa aprender de una manera intensa. Una
de las exigencias más perentorias de la izquierda insumisa es formar a
la gente que quiere luchar, a tantos y tantas, que toman conciencia y
que necesitan una formación sólida que, con los materiales didácticos
que hoy tenemos al alcance, puede darse en profundidad y rápidamente. E
insisto: una buena programación puede contribuir especialmente a ello.
Ricamente se necesita acceder a unos cantos títulos, poseer un
proyector, y contar con el soporte de una sala. Incluso si no hay nadie
a la mano que pueda ejercer de “monitor”, es posible a través del
“Google” o de otros medios, seleccionar un “dossier” específico…
Las oportunidades están a la mano, un buen ciclo sobre cine y
revolución social puede comenzar con la revolución francesa y con La Marsellesa, de Jean Renoir, pero también se puede hacer con una cronología más amplia y hacerlo con más propiedad con Espartaco
(1960), una superproducción célebre de la que Ferro dice que es la
primera superproducción de Hollywood que hace un canto a la revolución,
de hecho a todas las revoluciones. Desde luego es la que más
radicalmente trata una sublevación antiesclavista, y considerando que
Espartaco fue asimilado por el socialismo como de sus héroes simbólicos
–son innumerables las revistas, los grupos e incluso personas que
adoptaron su nombre-, se puede decir que es una película que podía
entenderse por igual como una apología de la lucha revolucionaria en
general como un gesto de apoyo al movimiento de los derechos civiles.
Se trata obviamente de una visión idealizada en la que el ideal
libertador en la que la comunidad insurrecta se opone a la corrupta,
prepotente y explotadora Roma, debidamente representada por el
“fascista” Craso.
Basada en una novela
del entonces escritor comunista semiprohibido, Howard Fast, su
adaptación corrió a cargo del “black liste” Dalton Trumbo, igualmente
comunista, aunque su “alma mater” fue el actor Kirk Douglas al que
nuestro Fernando Fernán-Gómez atribuía ideales anarquistas, lo que no
parece tan descabellado sí se tiene en cuenta su predilección por Los valientes andan solos, una apología del individualismo solidario y por una tierra libre de alambradas erigidas para proteger la propiedad privada. Espartaco
permite numerosas discusiones comenzando por la singularidad del
producto, por todo lo que reflejaba del inicio de los sesenta, la
historia de la esclavitud, sin olvidar las interpretaciones sobre el
personaje, lo que nos llevaría hasta una versión literaria mucho más
rica, la de Arthur Koestler, de la que se llegó a proyectar una
adaptación cinematográfica auspiciada por Martin Ritt.
Algo así es lo que se sugiera en las páginas de un libro que no
cuestiona para nada el peso histórico y cultural de la Biblia.
Un ciclo de estas características debe contar con un apartado sobre
la figura de Cristo aunque sólo sea que fue el principal referente del
ciclo revolucionario de finales del Medioevo, y de que, en mayor o
menor medida, siempre estuvo presente en toda la historia
revolucionaria hasta las más recientes, y la sandinista es un buen
ejemplo. La interpretación del mensaje evangélico ha tenido en el cine
al menos dos lecturas, la más tradicional en la que su subraya su
carácter “sagrado” tal como se expresa con rotundidad en La Pasión
de Mel Gibson, en la que el “hijo de Dios” anula su vertiente social e
incluso su rechazo de la ocupación romana, y la más auténtica y por lo
tanto subversiva, especialmente El Evangelio según Mateo,
de Pier Paolo Pasolini, obra de un comunista de vocación herética que
se hizo posible gracias al talento excepcional del autor y a una
coyuntura de diálogo cristiano-marxista. Se trata de una obra
revolucionaria tanto en su contenido como en su forma, y se erige como
la más noble y visionaria de todas las pasiones, aunque aquí también
habría que tener muy en cuenta la adaptación que el “black liste” Jules
Dassin, El que debe morir, que adapta una
obra de Nikos Kazantzakis en la que una representación sobre la Pasión
acaba con un Cristo que lidera una revuelta condenada por la propia
Iglesia. Todas ellas resultan actualmente asequibles aunque la de
Dassin solamente la he podido conseguir en francés.
El cine tiene un doble impacto didáctico. Así, contemplando películas de mensaje conservador como La túnica sagrada,
la primera pregunta que nos hacemos nos lleva a considerar el asunto
de la instrumentalización reaccionaria por parte de la Iglesia del
legado cristiano y retomar las películas que abundan en el discurso más
auténtico y herético. En los tiempos que corren, no se puede discutir
la importancia de una lucha por restituir su dimensión subversiva, de
lucha por los pobres y por una sociedad basada en la igualdad y en el
reconocimiento del prójimo. En este terreno, el cine cuenta con obras
de gran valor de autores como Roberto Rossellini (en especial Europa 51, en cierta medida un homenaje a Simone Weil de La condición obrera), el Ordret, de C. T. Dreyer, o la Juana de Arco
de Bresson y otros. Esta diferencia entre un cine religioso oficialista
y otro auténtico, está subrayado por Jaume Botey en su prólogo.
Las ideas socialistas (utópicas) comenzaron a desarrollarse con el
Renacimiento, y tuvieron una enorme importancia en las repúblicas
italianas y en los primeros embates entre la escolástica católica y el
libre pensamiento, temas que todavía tienen vigencia dada la alianza
establecida entre el neoliberalismo y el fundamentalismo religioso.
Sobre este extenso territorio existe una cierta filmografía de gran
interés, y de la cual podemos destacar títulos de amplias connotaciones
políticas y culturales como el “biopic” de Thomas More, Un hombre para la eternidad,
de Fred Zinnemann, que contienen unos diálogos de gran profundidad
escritos por Robert Bolt; aunque resulta de más difícil acceso, vale la
pena el Galileo GalileiGalileo hecho para la RAI por la primera Liliana Cavan; lástima que el frustrante Giordano Bruno,
de Guiliano Montaldo no sirva demasiado para recuperar este subyugante
personaje interpretado por un tanto sobreactuando Gian Mª Volonté…De
cara al maldito asunto de la conquista hay mucho que hablar sobre La misión,
de Roland Joffé, que plantea numerosas cuestiones sobre la conquista y
colonización española en América Latina. Igualmente resultan del mayor
las aproximaciones de las revueltas campesinas a través de personajes
como Michael Kohlhass (1969) y La repentina riqueza de los pobres de Kombach (1970), en ambos casos con Volker Schlöndorff detrás la cámara, o de inspiración religiosa, sin olvidar la muy reivindicable Les camisards, de René Allio (1972), entre otras, en algunos casos asequibles ya en DVD en colecciones especializadas. que realizó Joseph Losey
según la obra de Brecht porque además es la versión más respetuosa e
intensa; también resulta bastante interesante el
Sobre el caso que nos ocupa –la Biblia desde el Antiguo
Testamento hasta los Hechos de los Apóstoles-, existe una considerable
filmografía, sobre todo norteamericana pero también italiana. Hay de
todo desde finales del siglo XIX, y en su mayor parte son películas
acríticas. Otras son resultantes de una cierta conciliación, se exalta
el mensaje religioso pero se desarrollan otros aspectos, por ejemplo el
erótico. Pero también existen numerosos títulos que aportaron una nueva
mirada, y que aportaron una lectura diferente. Detrás de todo hay una
larga historia de debates e interpretaciones comenzando pro el que se
está dando con los llamados “creacionistas”, y como no, con los que
cada día hablan de Dios en vano.
El realizador Patricio Guzmán defendió en su discurso a la documentalista, procesada mientras realizaba una cinta sobre los mapuches.
ANSA. Martes 9 de Junio de 2009 09:16
SANTIAGO.- Un fuerte apoyo a la documentalista Elena Varela, a quien se le incautautaron cintas en un proceso judicial en su contra, marcó la ceremonia de inauguración de la 13ª versión del Festival Internacional de Documentales de Santiago (FIDOCS), que se extenderá hasta el 14 de junio.
En su discurso inaugural, el presidente de FIDOCS, el reconocido cineasta Patricio Guzmán, calificó como "un verdadero escándalo" el procesamiento a Varela y la incautación de las cintas como presunto medio probatorio en el juicio. Varela está procesada por una supuesta participación en el asalto a bancos vinculados al desaparecido Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).
"Estoy preocupado de que haya una realizadora, una colega, que esté con un juicio pendiente, y que estuvo seis meses presa por haber hecho una película sobre el pueblo mapuche", afirmó Guzmán, autor de "La Batalla de Chile", en medio de una ovación de las más de 200 personas que asistieron a la inauguración del Festival.
"Me parece el colmo (insólito) que se esté aplicando la ley antiterrorista a una cineasta que quería mostrar la cultura del pueblo mapuche", continuó.
Varela, quien fue detenida el 7 de junio de 2008, permanece bajo arresto domiciliario nocturno y arriesga 15 años de presidio.
Desde hace más de cuatro años filmaba la situación en que viven las comunidades mapuches que denuncian un permanente hostigamiento y la militarización de la zona.
"Ella tiene la libertad de hacer con el pueblo mapuche lo que ella pretenda hacer artísticamente, nadie la puede censurar. Este es un país democrático en estado de derecho, yo no conozco otro caso así entre los colegas que tengo en Europa, en Canadá, en Australia, en Japón", afirmó el cineasta, exiliado en Europa y Cuba tras el 11 de septiembre de 1973.
Guzmán afirmó que con el proceso, a Varela "le han cambiado y arruinado la vida, y eso me parece un verdadero escándalo (...) Todos estamos con ella, vamos a seguir en campaña con ella, por ella, tanto aquí como en el extranjero, para demostrar que ésta es una democracia que tiene un déficit enorme", concluyó.
El Festival Internacional de Documentales de Santiago incluye seis películas en la Competencia Latinoamericana, entre las que se cuentan producciones de Argentina, México, Brasil y Colombia, que serán evaluadas por un jurado compuesto por el cineasta colombiano Luis Ospina, el director y productor chileno Cristián Leighton, y el crítico de cine y guionista local Jorge Morales.
En la competencia nacional, en tanto, once documentales serán sometidos a la evaluación del jurado que componen el argentino Javier Porta Fouz, el sueco Juan Diego Spoerer y la francesa Sophie Franca.
Tanto
el Gobierno como los parlamentarios debieran detenerse a reflexionar
profundamente sobre las consecuencias de sus decisiones.
Por Flavia Liberona/Directora ejecutiva Fundación Terram
Lunes 25 de mayo de 2009
CHILE ES UN país con una biodiversidad de
enorme valor debido en especial al alto nivel de endemismo existente,
es decir, el gran número de especies que habita sólo en nuestro
territorio. Esta característica es foco de atención de científicos y
especialistas, que señalan a algunas zonas del país como prioritarias
para la conservación mundial. La protección y conservación de la
biodiversidad nativa ha dejado de ser un asunto de expertos y se
convierte cada vez más en un tema relevante de política pública, porque
los seres humanos tenemos cada vez más conciencia de nuestro vínculo y
dependencia del mantenimiento y calidad de los ecosistemas y las
especies, y de cómo el daño a la biodiversidad tiene repercusiones en
los fenómenos de cambio climático y calentamiento global.
Pero en lugar de proteger este valioso tesoro natural, las
autoridades del país muestran cada día una total despreocupación por
este tema, y pierden valiosas oportunidades para emprender acciones
concretas que permitan preservar nuestra biodiversidad, incluyendo
ecosistemas únicos. Por una parte, el país no cuenta con una
institucionalidad única que sea responsable de la protección y cuidado
de las áreas silvestres, terrestres y acuáticas, que esté a la altura
de los desafíos del siglo XXI. El proyecto de Reforma a la
Institucionalidad Ambiental, hace poco aprobado en la Cámara de
Diputados, que inicia su discusión en el Senado, contempla crear un
ministerio, un servicio de evaluación y una superintendencia de medio
ambiente.
Pero el Ejecutivo decidió excluir la creación de un servicio de
protección y conservación de la biodiversidad y las áreas silvestres
protegidas, pese a que esto se contaba entre los compromisos
electorales de la Presidenta Bachelet. No sólo no se cumple una
importante promesa electoral, sino que se dejan de lado las
recomendaciones de la OCDE en materia ambiental y el Ejecutivo pierde
una oportunidad para mejorar la protección del patrimonio natural del
país, pese a que se trata de una tarea urgente, pues la carencia de una
institucionalidad responsable permite de manera creciente que se dañen
zonas valiosas.
Otro de los grandes desaciertos de las autoridades nacionales se
encuentra en la propuesta de modificaciones de la Ley General de Pesca
y Acuicultura, que pretende dar una salida a la aguda crisis por la que
atraviesa la salmonicultura desde hace dos años y que se discute ahora
en el Congreso. En las modificaciones propuestas por el Gobierno y
acogidas por los parlamentarios se estaría legitimando el grave daño
ambiental que han generado las empresas salmoneras en los canales y
fiordos del sur, premiando conductas social y ambientalmente nocivas
sin compensación ni para las comunidades locales ni en términos de
reparación del daño a los ecosistemas marinos. Se establecen
disposiciones que favorecen a la industria, pero que no contemplan
ningún vínculo con la Ley 19.300, de Bases del Medio Ambiente; es
decir, se legitima a la industria y no se considera el medio ambiente.
Esta reforma refleja una absoluta falta de visión de la autoridad en
relación con la importancia biológica y ecológica de la zona de
Chiloé-Corcovado, donde se concentra buena parte de la salmonicultura,
no sólo a nivel local, sino que a una escala global, dada la
importancia que tienen estos ecosistemas marinos que albergan especies
tan valiosas para la humanidad como son los corales de aguas frías o
las ballenas.
Éstas son sólo dos de las últimas actuaciones de la autoridad que
reflejan absoluta ignorancia y despreocupación por temas tan relevantes
como el cuidado y protección de la biodiversidad, cuestión que va en
sentido contrario de lo que ocurre mayoritariamente en el resto del
mundo. Tanto el Gobierno como los parlamentarios debieran detenerse a
reflexionar profundamente sobre las consecuencias de sus decisiones.
Numerosos emprendedores sociales han sentido la necesidad de llevar la experiencia acumulada a una causa más global, como es el gobierno del país.
Por Eugenio Tironi Martes 28 de Abril de 2009
A raíz de la nominación de Sebastián Bowen, un sociólogo de 27 años que fuera director social de Un Techo para Chile, como cabeza ejecutiva de la campaña presidencial de Eduardo Frei, se ha destacado la audacia de este último, así como la astucia de sus asesores, por una "movida" que pilló por sorpresa a toda la clase política y que ataca de frente lo que se supone es su mayor debilidad: que no representa sino "más de lo mismo". A partir de esta lectura, la atención se ha puesto en cómo reaccionarán los partidos, y si acaso Bowen no terminará manipulado por sus líderes tradicionales, fagocitado por la seducción del poder, o expulsado por la burocracia de los partidos.
Pero hay otra manera de interpretar lo que está ocurriendo. No, como es habitual, desde el punto de vista de la clase política, sino desde la perspectiva de la nueva generación que está tras este y tantos otros Bowen.
Ésta no es una figura inventada, fruto de un accidente, o carente de experiencia. Tal enfoque revela los patéticos estereotipos que construimos para excluir a los jóvenes de puestos de responsabilidad. Bowen lleva más de cinco años ejerciendo una posición de liderazgo en una organización que en once años ha construido 35 mil mediaguas, y planea edificar 10 mil soluciones habitacionales definitivas de aquí al Bicentenario. Cuenta con 220 profesionales contratados y tres mil voluntarios permanentes, y en su corta vida ha movilizado 150 mil voluntarios. Está extendida a doce países latinoamericanos, y sumando las donaciones y los proyectos administra cerca de 220 millones de dólares. ¿Se puede hablar, entonces, de que los que dirigen o han dirigido una organización de estas dimensiones carecen de experiencia y liderazgo en materias técnicas, políticas o económicas?
Un Techo para Chile no es único. Hay muchos otros emprendimientos sociales parecidos, aunque no de la misma envergadura. Todos ellos se organizan en torno a una causa concreta, con metas precisas y con modalidades de trabajo altamente eficientes. Todos movilizan voluntarios que buscan al mismo tiempo contribuir a combatir la pobreza o vulnerabilidad, ampliar su mirada y darles un sentido más solidario a sus vidas. Todos se financian en base a donaciones, sean en dinero o en servicios, y son dirigidos por grupos de jóvenes que generalmente comparten ciertos marcos valóricos adquiridos durante su etapa de formación.
Numerosos emprendedores sociales han sentido la necesidad de trascender las causas específicas que los han reunido y llevar la experiencia acumulada a una causa más global, como es el gobierno del país. El paso inevitable para esto es la política. ¿Cómo entrar a ella sin morir en el intento? Es la pregunta que les venía rondando cuando surgió la invitación de Frei. La tomaron sin vacilación, a condición de no ser actores secundarios. La audacia, entonces, no vino sólo de Frei, sino de estos jóvenes emprendedores que se propusieron como desafío convertir su campaña presidencial en la plataforma para entrar en la política nacional a partir de su propio sello social y sin renunciar a su propio estilo.
Para que una generación surja y tome el protagonismo en la vida de un país no basta un líder o una ideología. Se necesita, además, de un quiebre histórico; esos momentos singulares en que un ciclo se agota y aún no se sabe qué lo va a reemplazar, lo que deja un vacío que alguien tiene que llenar. Hoy estamos en uno de esos momentos. Es ahora cuando podría irrumpir una nueva generación para construir "Un sueño para Chile", y Frei erguirse en el vehículo para esto.
Numerosos emprendedores sociales han sentido la necesidad de llevar la experiencia acumulada a una causa más global, como es el gobierno del país.